¿Se han dado cuenta de que en los colegios nos enseñaron y lo siguen haciendo que las personas nacen, crecen, pueden engendrar o criar hijos, pero a nadie se nos educa que luego envejecemos y nos hacemos personas mayores? ¿Les hablaron alguna vez de lo que nos ocurre como personas al jubilarnos? ¿De los ajustes vitales solos o en pareja a la hora de dejar las labores que hacíamos en nuestra vida llamada productiva?

¿Sabían que no es normal deprimirse, presentar problemas de memoria que afecten la vida diaria, tener caídas frecuentes, tener dolor o incontinencia urinaria? Si alguien considera alguna de estas condiciones normales o escucha a un médico decirle que es propio del paso de los años y que no hay nada qué hacer está cayendo en la trampa de lo que se ha llamado teoría del “viejismo” o ageísmo, es decir la discriminación por edad.

Chile tiene la segunda esperanza de vida más alta de América, sólo superado por Canadá. Y es que podríamos hoy en día pasar un tercio de nuestras vidas en un tiempo para el cual nadie nos ha ni remotamente preparado. Cada día nacen menos niños y cada vez hay más adultos mayores. Uno de cada 5 chilenos será mayor de 60 años en el 2025. Y este fenómeno no es uniforme, sino que se envejece de manera muy particular dependiendo de condicionantes sociales, de género y de salud, entre otras.

Los temores en esta etapa según la encuesta de Calidad de Vida de la Persona Mayor de la Universidad Católica año 2017, son volverse dependientes, tener discapacidad, la soledad y la pobreza.

Hoy existen formas de prevenir estas situaciones y los médicos geriatras y gerontólogos, profesionales dedicados al estudio del envejecimiento, podemos con evidencia científica trabajar para mejorar el bienestar de este grupo étareo que hoy con justa razón exige derechos y que son capaces de cambiar el resultado de elecciones políticas.

Casos recientes, que nos enfrentan a realidades como las demencias, los cuidados y la integración social de quienes sufren enfermedades que disminuyen las capacidades, nos obligan a plantear que como sociedad tenemos una deuda respecto a los conocimientos que desde niños se debieran impartir para tener integración de todas las edades. Porque aquí no se trata de hacer políticas públicas “para viejos” como un grupo del cual hablamos en abstracto y miramos desde lejos. Muy por el contrario, todos, de no dejar este mundo prematuramente, llegaremos a ser personas mayores y desearemos ser tratados con el mismo respeto que un adulto joven.

Aun existen formas de discriminación o abuso hacia las personas mayores como vemos en situaciones de trámites notariales, negación de uso de instrumentos financieros, abandono por parte de familiares y de la sociedad.

Por lo mismo, tenemos una oportunidad de mejorar el futuro para todos con discusiones aterrizadas respecto a pensiones, salud y educación.

Desde la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile hacemos un llamado para lograr un país mejor, un Chile para todas las edades.