No es la primera vez que recita en un escenario sus poemas musicalizados junto a la banda González y los Asistentes; ni es la primera vez que se presentará, como ocurrirá hoy, en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

La historia de compromiso de Raúl Zurita (68) con el museo registra el apoyo permanente y varias presentaciones. Para no ir más lejos, el lunes 11 de septiembre de 2017, cuando se conmemoraron 44 años del golpe de Estado, el autor de Canto a su amor desaparecido estuvo presente junto al grupo liderado por Gonzalo Henríquez.

El sábado pasado, el premio Nacional de Literatura 2000 fue uno de los primeros en levantar la voz, luego que La Tercera publicara opiniones de Mauricio Rojas, quien había asumido el jueves como nuevo ministro de Culturas, donde señalaba que el Museo de la Memoria se trata “de un montaje”.

Así es como Zurita, “frente a las declaraciones” de Rojas apuntó un texto que circuló en redes sociales, donde hizo un llamado “a no participar en ninguna instancia en que este personaje esté involucrado”. Además el mundo artístico, a través de Sidarte y la Sech, rechazaban los dichos de Rojas y se unían a la convocatoria de un “acto de desagravio” en la explanada del museo para hoy. Acto que se hará, desde las 15.00 horas, con los artistas Manuel García, Villa Cariño, Anita Tijoux, Illapu, Quilapayún, Inti Illimani Histórico, entre otros.

El fin de semana, mientras en Twitter y Facebook se multiplicaba el mensaje de Zurita, se llamó a una conferencia de prensa para el lunes, en la sede de la Comisión Chilena de los Derechos Humanos. Allí el poeta estuvo acompañado de artistas y escritores como Aline Kuppenheim, Gonzalo Díaz, Alejandro Goic, Jorge Montealegre, Nona Fernández, Esperanza Silva y Joan Jara.

“Hay declaraciones que son imprescriptibles”, señaló el autor de Tu vida rompiéndose, quien estuvo preso durante tres semanas en las bodegas del carguero Maipo, tras el Golpe de 1973. Minutos después de iniciada la conferencia, los presentes se enteraron de la renuncia de Rojas. Al salir del recinto, Zurita recibió una espontánea ovación.

Finalmente, el lunes asumió el ministerio de Culturas la arqueóloga Consuelo Valdés Chadwick. Ayer, una de sus primeras actividades consistió en reunirse, en dependencias del ministerio, con el director del Museo de la Memoria, Francisco Estévez.

Acá Zurita habla sobre lo ocurrido y le responde al canciller Roberto Ampuero, quien insiste en la falta de contexto del museo, ya que “no explica bajo qué circunstancias estalló el horror que condenamos”, como señala en Diálogo de Conversos.

Mucho se habló de su liderazgo moral en este episodio…

Yo soy un ser humano que junto a miles se levantó contra un nombramiento ignominioso. Soy demasiado un ser humano como para ser un líder moral. Creo que son líderes morales todos los seres humanos que tienen la suficiente limpidez y dignidad como para poder abrazar y ser abrazado por otros seres humanos. Lo que terminó con la dictadura en Chile no fueron las armas, ni siquiera el plebiscito, fue nuestro abrazo. Creo que el recuerdo de ese abrazo fue lo que emocionó tanto en este episodio de una lucha que continúa. Todo puede ser una derrota, salvo si vamos abrazados. Nuestro abrazo es invencible.

¿Las redes sociales son una nueva plataforma de manifestación?

Sí, lo son. Pero aún estamos en la infancia de ello, jugamos a cambiarnos nombres, a inventarnos historias, a veces jugamos a destrozarnos, y el juego de golpe se hace verdad, también difundimos nuestros poemas, y como esta vez, nuestras proclamas. Algún día, cuando se pueblen los desiertos reverdecidos, no Marte, y nadie tenga que ver ahogarse a sus hijos en el mar buscando una nueva patria, las redes sociales serán redes de amor.

Siempre la cultura se asocia a la izquierda. ¿Qué debe hacer la derecha para crear intelectualidad?

Algo que la derecha chilena se encarga de mostrarnos una y otra vez es que en Chile la palabra cultura y la palabra derecha son términos absolutamente excluyentes. Con muy pocas excepciones, pedirles una brizna de cultura a la derecha chilena sería ejercer una violencia demasiado brutal sobre ellos, sería fascismo. Como se ha visto, antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un UDI por la puerta de un museo.

¿Qué opina de la “falta de contexto” del Museo de la Memoria, como señalan Ampuero y el Presidente Piñera?

El asesinato de un ser humano no tiene contexto, es el asesinato de un ser humano. No se mata a alguien una vez, se lo mata infinitas veces, se lo mata en todos los rincones de la tierra. Sobre los muertos, sobre mis muertos, sobre mi amor masacrado, no existe la “mala memoria”, como dice liviana y arteramente el canciller Ampuero, existe solo la memoria. Y el dolor.

El ministro de Cultura que cayó también en Argentina

La abrupta salida de Mauricio Rojas trajo a la memoria otro caso reciente y en que la misma fórmula -polémicas declaraciones sobre derechos humanos y la posterior reacción del mundo artístico- hizo efecto y acabó con la gestión de un ministro de Cultura. Ocurrió en Argentina en 2016, y tuvo de protagonista al reconocido gestor Darío Lopérfido (1954), director del Teatro Colón desde 2015 y nombrado titular de Cultura en Buenos Aires a fines del mismo año.

“En Argentina no hubo 30 mil desaparecidos”, declaró un mes después, refiriéndose a la última dictadura en su país (1976-1983). “Se arregló ese número en una mesa cerrada”, agregó, y sus palabras pronto encendieron las balizas: la campaña virtual “Que renuncie Lopérfido”, impulsada por las Abuelas de Plaza de Mayo, tuvo casi 10 mil firmas y más de 250 artistas exigieron su salida.

Lopérfido renunció al Ministerio en julio de 2016, a seis meses de asumir. Volvió a dirigir el Colón, pero las presiones precipitaron su salida en enero de 2017. Luego partió a Berlín como representante cultural, y también fue repudiado por 100 artistas y científicos alemanes. “A mí no me va a correr por izquierda nadie”, dijo a su regreso en Argentina.