“No tomo café, tomo té, querida”, canta Sting usando un largo abrigo y sosteniendo un gran paraguas mientras camina por una calle de una de las ciudades más importantes del mundo. Desde el primer verso de “Englishman in New York” el cantante británico deja en claro ciertas contradicciones con el nuevo país que habita. Las cosas no son como en casa.

Si bien narra en primera persona la historia de un inglés que se siente fuera de lugar en Nueva York, la experiencia que se cuenta está más ligada a la del escritor Quentin Crisp, quien se fue a vivir a la ciudad estadounidense poco antes de la publicación de esta canción.

La primera vez que se dio a conocer esta composición, fue con la publicación del álbum …Nothing Like the Sun (1987), pero adquirió mayor relevancia cuando fue re-lanzada en 1988. Hoy, a 30 años de este hito musical, sigue vigente para quienes cambian de ciudad, y más aún, de país.

Con Branford Marsalis en el saxofón, y David Fincher (Gone Girl, Fight Club) como director a cargo del videoclip,  “Englishman in New York” se convirtió en la canción más reconocida de Sting tras su éxito como la voz de The Police.

Atrás quedaron los días de gloria de “Roxanne” y “Every breath you take”. A mediados de los 80, el músico británico quiso emprender un camino en solitario, y Nueva York fue la ciudad para ello.

La fuente de inspiración son sus propios pensamientos en la metrópolis que siente ajena, conjugados con el pesar del escritor Quentin Crisp, con quien forjó una fuerte amistad: “Quentin es un amigo mío y alguien a quien admiro mucho porque pienso que es una de las personas más valientes que he conocido. Ha vivido de una forma particular en una sociedad que es viciosa y malévola. Pero es un héroe en una forma femenina. Así que es una canción sobre las cualidades femeninas que pueden existir en un hombre, sin que sea algo negativo”, dijo a Time Out en octubre de 1987.


Sé tú mismo, no importa lo que digan

Y es Crisp el segundo hombre que acapara la cámara de Fincher en el videoclip en blanco y negro:



Pero esta canción no es un mero himno al síndrome  denominado ‘homesick’ (extrañar el hogar). El músico británico además considera que es un canto a la diversidad sexual: “Él [Crisp] era homosexual en tiempos en que era peligroso serlo. Tenía un gran sentido de humor y gozaba de la vida de tal manera que todos podrían aprender una lección de él. Mi canción era para homenajear su singularidad. Pero también es sobre mí”, aclaró Sting en entrevista con Rolling Stone en 1988.

La voz de The Police decidió vivir en Nueva York aquellos años porque los músicos con los que tocaba lo inspiraron, “conocí gente interesante más fácilmente que en Londres. Era menos fóbica”.

“Hay ciertas cosas de America que me aterran”, dijo el músico británico en la misma entrevista con Rolling Stone, “y también tiene muchas cosas que amo, pero aún no lo asimilo. No quiero pertenecer a ningún lugar, aunque el lugar del que provengo me enorgullece”.

De hecho hizo un pequeño guiño a su nación al incluir “God save the Queen” en una escala menor dentro de la canción. Un detalle que pasa totalmente desapercibido para la mayoría, pero que el músico desclasificó el abril de 1996 conversando con  Guitar.

Además se entrelaza con la multiculturalidad musical, es por eso que tiene una fracción en saxofón para el toque de jazz, y un solo de batería para el sello rockero según contó a Independent on Sunday: “Comencé con un estilo reggae, luego agregué un puente que se siente clásico, así que puse violines y arpa antes de pasar a la sección jazz. Quería dar la idea de alguien caminando por la calle y escuchando diversos estilos, para representar cómo es caminar por Nueva York”, dijo a Musician en 1987.

Hasta el día de hoy, este himno a la soledad en el extranjero sigue siendo una de las canciones más recordadas de Sting como solista.