El 18 de febrero de 1935, una chimpancé del zoológico de Londres llamada Boo-Boo dio a luz una hija que se convirtió en una celebridad de la sociedad británica. Era la primera vez que una cría de esa especie nacía en el parque, por lo que los encargados decidieron llamarla Júbilo. Un par de meses después una niña inglesa recibiría en su primer cumpleaños un peluche de esa chimpancé, un regalo que marcaría el curso de su vida.

El juguete se convirtió en el compañero inseparable de las aventuras que la pequeña Jane Goodall emprendería en su casa de Bournemouth. No era extraño encontrarla en su cama mientras observaba atentamente un puñado de lodosos gusanos que había recogido en el jardín. Tampoco era raro que se escondiera por horas en el gallinero para intentar descubrir de dónde salían los huevos. Pero su pasatiempo favorito era subirse a los árboles, donde soñaba con vivir en la selva africana donde reinaba uno de sus personajes favoritos: Tarzán.

Muchos padres de la primera mitad del siglo XX quizás hubieran ignorado las ambiciosas fantasías de Jane, pero su madre Vanne Morris-Goodall, no lo hizo: “Cuando tenía 10 años yo había decidido que iría a África, viviría con animales salvajes y escribiría libros sobre ellos. Todos se rieron de mí. ¿Cómo podría hacer eso? África está muy lejos, teníamos poco dinero y yo sólo era una chica. Pero mi madre me dijo ‘si realmente quieres hacer esto, tendrás que trabajar duro, aprovechar las oportunidades y nunca rendirte’. Ella respaldó mi sueño”, cuenta Goodall desde Estados Unidos.

Esta inglesa de 83 años cumplió sus anhelos de niñez y hoy es la mayor experta mundial en el estudio y conservación de los chimpancés, labor que incluso la ha llevado a ser parodiada en Los Simpsons bajo el nombre de Joan Bushwell. Su rostro y su cabello amarrado al estilo “cola de caballo” se hicieron famosos en 1961, durante una serie de estudios que realizó sola en la recóndita zona de Gombe, Tanzania, y que revolucionaron la ciencia. En ese lugar vio por primera vez a los chimpancés -que hasta entonces eran considerados vegetarianos- en plena cacería de carne. Luego observó cómo dos ejemplares que ella bautizó como David Barbagris y Goliat tomaban ramas, les sacaban las hojas y las usaban para sacar termitas de una colmena. Hasta ese momento se pensaba que sólo los humanos podían crear herramientas, por lo que su jefe Louis Leakey -un famoso paleoantropólogo keniano que demostró que el hombre evolucionó originalmente en África- le escribió el siguiente telegrama: “Ahora debemos redefinir las herramientas, redefinir al hombre o aceptar a los chimpancés como humanos”.

“Un momento muy especial fue cuando Flo, quien inicialmente se mostró tan temerosa como todos los demás chimpancés y huía cuando veía a este extraño ‘simio blanco’, llegó a confiar tanto en mí que permitió que Flint, su infante de cinco meses, se acercara y me tocara la mano”, recuerda Goodall. Ninguno de esos logros, afirma la investigadora, habrían sido posibles sin el impulso que le dio su madre. Ella era novelista y se divorció al finalizar la II Guerra Mundial, por lo que se convirtió en la principal confidente de Goodall e incluso la acompañó en el campamento base en Gombe desde donde la investigadora partía a perderse en la selva: “En la sociedad de los chimpancés hay buenas y malas madres, pero los hijos de las que brindan más apoyo demuestran mayor confianza en sí mismos. Aprendí eso de mi madre y también de los chimpancés”, comenta Goodall.

Esa intimidad es la que recoge el nuevo documental Jane, producido por National Geographic a partir de 140 horas de filmación que estuvieron olvidadas durante décadas y que se retransmitirá el próximo sábado (ver recuadro). Las imágenes fueron captadas en Tanzania por Hugo van Lawick, uno de los mejores cineastas de vida salvaje del siglo XX que luego se convirtió en el primer esposo de Goodall y padre de su único hijo, que también se llama Hugo. A diferencia de otros documentales sobre la primatóloga, el registro muestra una faceta más personal de su llegada a África, su investigación y su ajetreada vida como líder del instituto que lleva su nombre.